Socialismo o Barbarie, periódico Nº 174, 15/04/10
 

 

 

 

 

 

Debate en la izquierda

La muerte de Zapata Tamayo y la situación de Cuba

Por Claudio Testa

La muerte del preso Orlando Zapata Tamayo a consecuencia de una huelga de hambre ha desatado un debate en la izquierda. Las posturas van desde el apoyo incondicional a todo lo que dice o hace el gobierno de Raúl Castro y el régimen cubano hasta posiciones como las del PSTU-LIT que los considera “una dictadura capitalista” semejante a las de Argentina, en 1976-1982, o Brasil, en 1964-1984”.[1]

Por supuesto, rechazamos ambas posiciones. Pero para ubicarnos en este debate, hay que empezar por comprender el marco nacional e internacional en que se presenta.

Los destinos de Cuba son de una importancia trascendental, tanto para el proceso político latinoamericano como mundial.

Es que estamos en medio de una crisis del capitalismo que condena a millones de seres humanos a un salto en la superexplotación, los salarios de hambre o directamente la marginalidad del desempleo. Por esos motivos, pese a la debilidad de las alternativas anticapitalistas y socialistas, y a las desiguales respuestas de lucha del movimiento obrero, se viene desarrollando un profundo proceso de desprestigio y deslegitimación del capitalismo, sobre todo en sus formas neoliberales. ¡Esto puede terminar siendo explosivo!

En esa situación, le vendría muy bien al capitalismo mundial hacer en Cuba la remake de la película “El fracaso del socialismo”, que las masas ya vieron hace 20 años con el derrumbe de la ex Unión Soviética. Sería un golpe muy duro en la cabeza de millones de trabajadores, que empiezan a pensar en “otra cosa” frente la realidad cada vez más insoportable del capitalismo.

¡Y hay que decir que el desastre económico, social y político de la burocracia cubana está contribuyendo a que este peligro pueda hacerse realidad!

Una crisis redoblada que es aprovechada por el imperialismo

En artículos anteriores hemos venido alertando sobre el curso cada vez más crítico seguido por Cuba. En agosto pasado, ante el anuncio hecho por Raúl Castro de postergación indefinida del Congreso del PC –que se viene aplazando desde hace ¡10 años!– decíamos lo siguiente:

“La refracción de la crisis mundial en la isla, junto con los fracasos de la conducción burocrática y su incapacidad para alentar la productividad de los trabajadores, han puesto otra vez a la economía de Cuba en una difícil situación. [...] Esta doble crisis hace cada vez más apremiante el surgimiento de una alternativa obrera y popular independiente, antes de que el desastre burocrático lleve a consumar una restauración del capitalismo como en la ex Unión Soviética o China.

“Pero el verdadero drama no consiste en el hecho (inevitable para un pequeño país aislado) de que la crisis mundial lo golpee. El gran problema es que esos golpes caen sobre una economía cuya gestión burocrática sigue siendo un desastre. Entonces, sus consecuencias se multiplican peligrosamente.

“Un economista ‘gusano’, residente en EEUU, se asombra y, al mismo tiempo, se regocija de lo que llama ‘la gran paradoja cubana: una economía centralizada que no toma ventaja de su poder para planificar y establecer una estrategia coherente que la saque del marasmo que sufre’ (Carmelo Mesa-Lago, “La paradoja económica cubana”, El País, 12-7-09).

“Por supuesto, este economista, satisfecho del nuevo ‘fracaso del socialismo’, no puede (o no quiere) entender que la clave de una ‘economía centralizada’ es quién la conduce. De eso depende el ‘poder para planificar y establecer una estrategia coherente’.

“La experiencia del siglo XX con la URSS, China y demás países (supuestamente) ‘socialistas’ y, ahora tardíamente con Cuba, indica que las burocracias son orgánicamente incapaces de lograr eso. Sólo la clase trabajadora democráticamente autodeterminada podría resolver este desafío de vida o muerte para marchar hacia una sociedad superadora del capitalismo explotador.

“El motivo es simple: los trabajadores se sienten ajenos a planes siempre decididos desde arriba, y cuyos principales beneficiarios no son ellos. No tienen mayor interés, ni ponen mayor esfuerzo, en una producción que no controlan ni deciden, y de cuyos frutos se apropian principalmente los burócratas.

“El resto del discurso de Raúl Castro que comentamos está en gran medida dedicado a este atolladero de la economía: la productividad del trabajo. Hoy es doblemente dramático, porque el mayor déficit se viene dando en la producción de alimentos. Esto se venía cubriendo con la importación. Pero ahora la caída de los ingresos está llevando a un callejón sin salida”.[2]

Desde entonces, las cosas no han hecho sino empeorar. Y la respuesta esencial de la burocracia ha sido profundizar el recorte de las conquistas que restan de la revolución de 1959, mediante una política de ajuste que incluye la eliminación de los comedores obreros gratuitos, la disminución de los presupuestos de educación, vivienda y salud pública, etc.

El último ataque es contra la garantía de empleo: Raúl Castro acaba de anunciar que “sobran cientos de miles de trabajadores en los sectores presupuestado y empresarial... el exceso de plazas sobrepasa el millón de personas”, amenazando así con el despido del 20% de la fuerza laboral de Cuba.[3] ¡En ese discurso, Raúl Castro hace responsables de la baja productividad a los “trabajadores haraganes” y no a los burócratas del PC!

Más concretamente, estamos ante la crisis de la “vía china” (o, más modestamente, “vía vietnamita”) elegida por los núcleos centrales de la burocracia cubana –principalmente la oficialidad del ejército que administra las empresas mixtas– como el curso de restauración del capitalismo que puede preservar el régimen de partido único y los consiguientes privilegios de la burocracia. Esto implica, al mismo tiempo, tratar de mantener una relativa independencia frente a los distintos imperialismos, aunque se busque afanosamente hacer negocios y sociedades con sus corporaciones. Es que el “modelo chino-vietnamita” consiste esencialmente en la inversión de capitales para instalar industrias de bienes de consumo para exportar y que emplean mucha mano de obra de bajísimos salarios. Pero esto no ha funcionado en Cuba. Y ahora la crisis mundial agrava el fracaso.

En oposición a eso, desde EEUU se presiona por otra forma muy diferente de restauración capitalista: el derrumbe del régimen y el regreso de la burguesía cubana (que vive en Miami y que, además, hoy forma parte de la burguesía yanqui). Con esa perspectiva, en EEUU se ha confeccionado oficialmente un milimétrico catastro de las propiedades que les serán devueltas a la burguesía cubana y a las corporaciones de EEUU, no bien caiga el “comunismo” y regrese la “democracia”. En este proyecto, que además implica la recolonización de la isla, no hay mucho margen de ganancia para la burocracia cubana. ¡Es como si el imperialismo le hubiese exigido a la burocracia china entregar todo a la burguesía de Taiwán para llegar a un arreglo!

La asunción de Obama hizo pensar que estas diferencias podrían acortarse. En vista de eso, Raúl Castro dijo que “estamos listos para hablar de todo, repito, de todo”.[4] Pero Obama, como en otras materias, demostró su continuidad con las políticas del imperialismo yanqui, más allá de cambios de modales.

La ubicación política de la “disidencia” y su marco internacional

Todos en 4 x 4

En Argentina, los "sojeros"; en Miami, las "Damas de Blanco"

Es en este marco que hay que ubicar a los grupos de la llamada “disidencia”. Son organizaciones políticas en su gran mayoría financiadas por EEUU, a través de organismos como el National Endowment for Democracy (NED) y otras “fundaciones”. En Argentina, por ejemplo, el NED financia a personajes como Lilita Carrió y Macri; en Venezuela, a la derecha “escuálida”, en Honduras a las diversas organizaciones de “camisas blancas” que apoyaron al golpe, etc.

Más allá de sus diferencias, los programas de la “disidencia” coinciden en la vuelta a la “economía de libre mercado” y, a nivel político, en la democracia burguesa modelo Washington. La casi totalidad de la “disidencia” no condena el infame bloqueo que el imperialismo yanqui mantiene desde hace casi medio siglo. Su triunfo significaría la recolonización de la isla.

Como corriente política (no por sus dimensiones), ocupan un lugar similar al de los “escuálidos” de Venezuela y otras oposiciones de derecha en el continente. Para aclarar esto con una comparación: tiempo atrás, en una reunión pública que tuvo gran difusión, un grupo de estudiantes encaró a Ricardo Alarcón (uno de los máximos burócratas del régimen) con críticas, desde posiciones socialistas, a los privilegios de la burocracia. Se puede decir que esto, aunque fuese inorgánico, expresaba, como esbozo, una oposición desde la izquierda a la burocracia. La “disidencia”, por el contrario, expresa un polo opuesto: hace oposición por la derecha.

Junto con esto, hay que saber que, coyunturalmente, son estas oposiciones de derecha las que están teniendo la iniciativa en varios estados latinoamericanos. En Cuba, por supuesto, no tienen, ni de lejos, el volumen de masas de las de otros países, como Venezuela, pero hoy tienen la iniciativa política como oposición.

Por último, no es de sorprender que el único punto del planeta donde ha habido movilizaciones masivas de apoyo a la “disidencia” es en Miami, la capital de la burguesía cubana. Por sus calles desfilaron los mismos personajes y las mismas organizaciones que meses atrás sostuvieron el golpe gorila en Honduras.

Estos hechos –y también sus aspectos coyunturales– no pueden ser dejados de lado a la hora de definir una posición.

Nuestra posición sobre las libertades democráticas

Por supuesto, no podemos dar el más mínimo apoyo político a la “disidencia”. Las caracterizaciones adelantadas por algunos sectores de la izquierda que le ven aspectos “progresivos” desde un punto de vista “democrático” en abstracto nos parecen completamente equivocadas.

Es un disparate, por ejemplo, la semejanza que hace el PO (Partido Obrero) de Argentina entre Zapata Tamayo y Bobby Sands, el militante del IRA fallecido en 1981 en una huelga de hambre. Con todas sus limitaciones, el IRA fue un movimiento muy progresivo contra el dominio del imperialismo británico en Irlanda. ¡No tiene nada que ver con una “disidencia” que en última instancia expresa a la burguesía cubano-estadounidense de Miami y la recolonización de la isla!

Pero también, con la misma fuerza, rechazamos la política de represión permanente del régimen burocrático, que no va dirigida, ante todo, a combatir la injerencia del imperialismo, sino a impedir y amordazar cualquier expresión independiente de la clase trabajadora, el estudiantado y el pueblo cubano.

Cuba no está en situación de guerra civil, y la misma burocracia reconoce que el arraigo de la disidencia es insignificante. En verdad, la injustificada falta de libertades a nivel masivo va dirigida, en primer lugar, contra las masas trabajadoras.

Lo de Zapata Tamayo fue una consecuencia de ese régimen represivo. Pero, insistimos, el objetivo central de la ausencia de libertades va dirigido, ante todo, contra las masas trabajadoras. Y esto se hace cada vez más patente, en la medida en que la legitimidad y el consenso que tuvo hace 50 años la dirección cubana se ha ido desvaneciendo, especialmente en las nuevas generaciones.

Las masas trabajadoras no tienen nada que ver con el imperialismo yanqui ni con la burguesía gusana de Miami, pero no obstante no tienen derecho a tener las organizaciones sindicales que se les dé la gana, ni tienen derecho a organizarse en sus propias corrientes políticas aunque sean antiimperialistas y socialistas. No tienen tampoco derecho a dirigir y controlar la producción, cuando los mismos órganos de la burocracia –comenzando por el diario Granma– reconocen un crecimiento fenomenal de la corrupción y el saqueo de los burócratas, para los cuales robar al Estado se ha convertido en una tarea fundamental agudizada por la crisis.

¡Ni gusanos ni burócratas!
Por una salida revolucionaria obrera y popular independiente

En esa situación de crisis, creemos que se ratifican algunos de los puntos programáticos que planteábamos hace menos de dos años, cuando ya se esbozaba este curso de crisis:

- Por una nueva revolución que defienda las conquistas de 1959 y establezca realmente el poder de la clase trabajadora.

- Por el fin del régimen de partido único y de estatización de los sindicatos y demás organizaciones obreras, populares, juveniles, femeninas, etc. Plena libertad de organización política, sindical y asociativa de los trabajadores, estudiantes y sectores populares que defiendan las conquistas de 1959, especialmente la independencia nacional y la expropiación del capitalismo, y repudien el bloqueo imperialista. Por la constitución de un partido o instrumento político obrero y socialista, independiente de la burocracia.

- Por la democracia obrera y socialista. Ni “democracia” burguesa fraudulenta estilo Miami ni “voto unido” por la lista única de la burocracia. Que las organizaciones de masas obreras, campesinas, estudiantiles y populares, con funcionamiento absolutamente democrático, designen el gobierno de Cuba, y debatan y decidan los planes económicos y políticos.

- Ni plan económico burocrático, ni anarquía capitalista. Democracia socialista para determinar el plan económico, y verificación por el mercado de su realización. Por la administración y/o control obrero democrático de todas las empresas, con absoluta publicidad de sus operaciones, como forma principal de avanzar en la productividad y terminar con el saqueo a la propiedad nacionalizada que hace la burocracia. Por una moneda única. Frenar y revertir el crecimiento de la desigualdad.

- El aislamiento nacional de la economía cubana y el bajo desarrollo de sus fuerzas productivas hacen por supuesto imposible abolir “por decreto” la ley del valor y las relaciones mercantiles, como se intentó en algún momento. Esto, concretamente, implica peligrosas concesiones en dos sentidos: hacia fuera, al capital extranjero; hacia adentro, a sectores del campesinado y la pequeña burguesía urbana. Pero el control y manejo de todo esto no puede ser la tarea de una burocracia que no rinde cuentas a nadie. La total transparencia de la democracia obrera y socialista debe ser el contrapeso ante estas serias presiones, sobre todo las más peligrosas, las que vienen del capitalismo mundial.[5]


1. “Frente a la muerte de Orlando Zapata Tamayo y las libertades en Cuba”, Boletín Electrónico LIT-CI Nº 125, 15-3-10.

2. “Crisis económica y política - Suspenden por tiempo indefinido el Congreso del partido único”, SoB Nº 157 (en www-socialismo-o-barbarie.org, edición del 16-8-09).

3. Raúl Castro, Discurso del 04/04/10, Cubadebate, 5-4-10.

4. Raúl Castro, Discurso del 01/08/09, Granma, 2-8-09.

5. Roberto Ramírez, “Cuba frente a una encrucijada”, revista Socialismo o Barbarie Nº 22, noviembre 2008.